La iniciativa de cuatro países, incluyendo a Paraguay, de unir el océano Atlántico y el Pacífico adquiere una relevancia inesperada en un mundo en el que la lucha por el acaparamiento de las rutas comerciales amenaza con enfrentamientos armados. Es lo que trae el análisis político económico en este apartado.
Apenas asumió la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump dejó claro que no estaba para perder el tiempo. Con un guión bien definido, comenzó a desmantelar los problemas heredados de la era Biden, como la guerra entre Rusia y Ucrania, que amenazaba con escalar sin control, y el conflicto con Hamás, que mantenía rehenes israelíes.
Desde su llegada a la Casa Blanca, el mundo observó con expectación cada trazo de su lapicera presidencial. En cuestión de días, firmó decretos que iban desde redadas masivas y deportaciones de inmigrantes ilegales hasta el congelamiento de ayudas al exterior, dejando a Ucrania sin recursos para seguir su lucha contra Rusia.
Pero Trump no se quedó ahí. Sorprendió con ideas tan audaces como comprar Groenlandia, quizás para reforzar el control sobre las rutas marítimas del norte ante el avance de Pekín, y retomar el control del Canal de Panamá, un punto estratégico clave.
Muchos se preguntan ¿qué estará pensando Trump? Algunos opinan que más que el enorme desgaste militar y financiero que propició el conflicto ruso-ucraniano, en realidad fue una distracción para Biden, quien no se percató de cómo los tentáculos de China se extendían libremente por todo el mundo.
Con la excusa de una sola China, el ejército continental realiza constantes movimientos alrededor de la República de Taiwán y la administración de Xi Jinping se convirtió en uno de los socios comerciales más importantes para América Latina, con Brasil, Chile, Perú y Uruguay, entre los principales.
Es importante recordar que hace apenas poco más de dos meses, el 14 de noviembre de 2024, China inauguró el megapuerto de Chancay, en las costas peruanas. Construido por la empresa china Cosco Shipping. La terminal portuaria multipropósito no solo tiene la logística necesaria para recibir naves de hasta 400 metros de largo y procesar 18.000 contenedores, sino que acortará el tiempo de navegación entre Asia y América Latina.
El corredor conectará océanos, países, puertos, ciudades y pasos fronterizos a través de sus 3.290 kilómetros de longitud, que estiman reducirá hasta 66 % los tiempos logísticos y en casi un 20 % los costos operativos. Foto: Gentileza
El corredor conectará océanos, países, puertos, ciudades y pasos fronterizos a través de sus 3.290 kilómetros de longitud, que estiman reducirá hasta 66 % los tiempos logísticos y en casi un 20 % los costos operativos. Foto: Gentileza
El Canal de Panamá. Así como en Perú, una empresa china es la encargada de operar el puerto de Chancay. Observadores estadounidenses mostraron su preocupación puesto que en Panamá dos puertos han sido administrados durante mucho tiempo por la subsidiaria de CK Hutchison Holdings, que tiene su sede en Hong Kong, y lo que ello representa con posibles filtraciones de datos.
Otro detalle que preocupa a Washington es la cooperación que ofrece el país de Centroamérica al gobierno de Xi Jinping para la financiación de un nuevo puente nada menos que sobre el canal.
Un tercer aspecto que los analistas discuten sobre el motivo del interés de Trump de retomar el control del canal es que, a pesar de que en el tratado de 1977, firmado por Jimmy Carter, especifica que Panamá debe mantener su neutralidad en cuanto al transporte de mercaderías, es posible que el nuevo inquilino de la Casa Blanca quiera reducir los precios en todos los sentidos o exigir que Panamá renuncie a alzarle las tarifas en caso de nuevas crisis.
Otro de los motivos que los entendidos en geopolítica mencionan sería la reactivación del proyecto conocido como el tren Panamá-David, que cuenta con inversión de los Estados Unidos y que demandará un trabajo de 391, 3 km, con 21 estaciones y la construcción de 70 puentes.
La esperanza está en Sudamérica. Con gran énfasis, hace unos días el medio peruano La República publicaba con grandes titulares “Los 4 países de Sudamérica que ya construyen su propio canal de Panamá con 500 millones de dólares”, como si fuera un gran descubrimiento.
La realidad es que silenciosamente, casi sin llamar la atención, Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, están construyendo la megaobra bautizada como “Corredor Bioceánico Vial”, que resultará vital no solo para el comercio de la zona, sino que establecerá una nueva ruta que acortará el tiempo de transporte de productos provenientes desde el océano Atlántico a través del puerto de Santos, Brasil, atravesando el Chaco paraguayo y finalizando en el puerto de Antofagasta, Chile, en el océano Pacífico, y viceversa.
Reducción costos y tiempo. Esta gigantesca ruta marítima-terrestre conectará océanos, países, puertos, ciudades y pasos fronterizos a través de sus 3.290 kilómetros de longitud, que estiman reducirá hasta 66 % los tiempos logísticos y en casi un 20 % los costos operativos.
No solo representará una nueva y más corta ruta del comercio internacional desde todos los países del oeste africano, incluso del cercano Oriente, hacia Asia, sino que también representará una revitalización del transporte de productos dentro del Mercosur y de los países integrantes del bloque regional hacia cualquiera de los dos océanos, convirtiendo a Paraguay en el centro de todo este movimiento comercial.
El sueño de Chile de tener una salida directa al Atlántico y de Brasil de llegar sin vueltas a Asia por el Pacífico será realidad. La mediterraneidad de Paraguay será un problema del pasado y accederá a ambos océanos, y dejará de depender exclusivamente de la Hidrovía