Se declara una eterna aprendiz, experimenta con inteligencia artificial y busca inspiración en industrias que van de la moda al consumo masivo. Después de 23 años en el marketing agropecuario, Magalí Mazó defiende con convicción que la tecnología puede transformar el negocio, pero son las personas quienes construyen las marcas.
La curiosidad parece ser uno de los motores de Magalí Mazó. No importa cuán consolidada esté una herramienta o cuánto tiempo lleve trabajando en una industria, siempre hay algo nuevo que probar o una manera diferente de hacer las cosas.
Y es que a nuestra protagonista le entusiasma experimentar con inte­ligencia artificial, descubrir aplica­ciones, analizar y encontrar nuevas posibilidades para la comunicación. Se define como una eterna aprendiz y, después de 23 años de trayectoria, esa disposición a seguir descubriendo es una de sus mejores herramientas.
Su interés por la innovación no termina en la pantalla. También busca inspiración en congresos de marketing, tecnología y moda, en Paraguay y en el exterior. Pero, ¿por qué mirar otros sec­tores y no solo el agro? Porque, si todos observan a los mismos competidores, las ideas corren el riesgo de parecerse demasiado. De allí que, Magalí prefiere ampliar el horizonte.
El fútbol y el orgullo paraguayo son parte de esos sentimientos colectivos que Magalí identifica como oportunidades para acercar las marcas a las personas.
El fútbol y el orgullo paraguayo son parte de esos sentimientos colectivos que Magalí identifica como oportunidades para acercar las marcas a las personas.
“El futuro del marketing en el agro es tecnológico, pero por sobre todo humano”, aseguró la estratega de Marketing y Comunicación. Esta frase sintetiza su filosofía. Para ella, la tecnología abre posibilidades extraor­dinarias, pero su valor depende de la capacidad de convertirla en soluciones relevantes.
“La IA nos da velocidad y capacidad de análisis. Las personas seguimos aportando el criterio, la creatividad y la confianza”, añadió.
Para entender de dónde nace esta mirada, hay que volver a sus primeros años en el marketing. Aunque desarro­lló su carrera en un sector técnico, una de sus grandes fuentes de inspiración estuvo fuera del agro. Le fascinaban grandes marcas capaces de generar emociones y diferenciar productos similares a los de sus competidores. Quería entender cómo una marca podía convertirse en algo más que una elección comercial: cómo logra­ba despertar sentimientos, construir recuerdos y permanecer en la vida de las personas.
Aquella inquietud terminó mar­cando su manera de pensar. En vez de comunicar características, miró la relación que una empresa construye con quienes confían en ella.
La estratega en Marketing forma parte de la comisión de Innovar Mujer, un espacio que destaca el liderazgo femenino y la contribución de las mujeres al desarrollo del sector agropecuario.
La estratega en Marketing forma parte de la comisión de Innovar Mujer, un espacio que destaca el liderazgo femenino y la contribución de las mujeres al desarrollo del sector agropecuario.
En la estrategia de Magalí, el agri­cultor ocupa el centro de la historia. No es un público al que hay que llegar con un mensaje, sino el protagonista de una actividad que exige conocimiento y de­cisiones capaces de definir el resultado de todo un año.
“En el agro, el héroe es el produc­tor”, sostuvo dejando entrever su ma­nera de concebir las campañas, aque­llas que destacan las experiencias que conectan con la familia, la comunidad y las pasiones compartidas. El patroci­nio de la Casa Albirroja es un ejemplo de cómo una marca puede acercarse a su público desde un sentimiento colec­tivo: el orgullo paraguayo.
Esa perspectiva también explica por qué considera que la construcción de una marca no puede quedar exclusiva­mente en manos del departamento de marketing. Un ingeniero agrónomo, un asesor comercial y un técnico comuni­can tanto como una campaña cuando interactúan con el productor. Cada con­versación, recomendación y respuesta contribuye a formar una percepción de la empresa. “Las marcas no se huma­nizan solamente a través de campañas. Se humanizan a través de las personas que las representan”, recalcó.
Compartir experiencias y aprendizajes con otras mujeres del sector contribuye a visibilizar el liderazgo femenino y fortalecer su presencia en el agro.
Compartir experiencias y aprendizajes con otras mujeres del sector contribuye a visibilizar el liderazgo femenino y fortalecer su presencia en el agro.
Para Magalí, quien se desempeña como comunicadora en el rubro de agronegocios, esta es una responsabilidad compartida, ya que el Marketing debe estar conectado con ventas, asis­tencia técnica, desarrollo de productos y los equipos que conocen de primera mano la realidad del campo. Magalí no duda en decir que la estrategia necesita escuchar a quienes están allí todos los días, porque son ellos quienes detectan problemas, comprenden inquietudes y descubren necesidades.
Más allá de los datos. El productor paraguayo cambió, hoy conoce mejor su suelo, utiliza maquinaria avanzada, compara alternativas y llega a las deci­siones comerciales con más informa­ción. Por eso, comunicar una innova­ción exige explicar cómo funciona, qué problema resuelve y qué beneficios concretos puede aportar.
Magalí también señaló el aspecto generacional como una ventaja. Mien­tras los padres y abuelos transmiten conocimiento de la tierra y valores de años; los hijos incorporan nuevas formas de administrar: ella propone aprovechar lo que cada generación puede enseñar a la otra.
Tras más de dos décadas de ex­periencia, Magalí sigue explorando herramientas y buscando nuevas perspectivas. Su trayectoria combina disciplina, la agilidad para convertir ideas en proyectos y la convicción de que ninguna estrategia funciona de manera aislada de las personas que la hacen posible.
“La confianza no se automatiza”, acotó. Explicó que las relaciones comerciales se sostienen en base a saber escuchar, comprender, cumplir y acompañar. “Se pueden automati­zar tareas, multiplicar los canales y analizar cantidades extraordinarias de información, pero ganarse la confianza de un productor sigue dependiendo de algo mucho más difícil de programar: demostrar, con hechos y a lo largo del tiempo, que detrás de una marca hay personas dispuestas a cumplir lo que prometen”, concluyó.