Una nueva campaña sojera llega al campo fortalecida y sabiendo que detrás de cada cosecha existe una industria que busca convertir esa materia prima en más alimentos, energía y productos capaces de conquistar nuevos mercados. En el Día de la Industria Nacional, celebrado ayer, Raúl Valdez, presidente de la Cappro, pone sobre la mesa la discusión de cuánto más valor puede generar el país a partir de lo que ya produce
“Después de veinte años de la Cá­mara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales, la discusión debe evolucionar. Ya no correspon­de preguntarnos si Paraguay debe industrializarse, sino cómo construi­mos una estrategia que nos permita hacerlo a la escala que el país nece­sita”, reflexionó Raúl Valdez, presi­dente de la Cappro, en entrevista con FOCO Business.
Raúl Valdez, presidente de Cappro.
Raúl Valdez, presidente de Cappro.
Mencionó que la industria ya tiene escala para dar ese salto y que esto se ve reflejado en la capacidad instala­da de procesamiento superior a 4,8 millones de toneladas anuales y más de USD 1.000 millones invertidos en infraestructura por parte de las em­presas asociadas a la Cappro.
En el primer semestre de 2026 se procesaron más de 1,85 millones de toneladas de soja, el mejor registro desde 2018, lo cual muestra una cade­na que, pese a sequías, volatilidad in­ternacional y dificultades logísticas, mantuvo sus inversiones y recuperó capacidad. También revela el espacio que todavía existe para crecer. “Una gran cosecha es una excelente noti­cia. Una gran cosecha que además se industrializa localmente es aún una mejor”, afirmó.
Si bien la soja continúa siendo el corazón de la industria, con cerca del 98 % del procesamiento de olea­ginosas de las empresas asociadas a Cappro, la diversificación comienza a abrir nuevas posibilidades.
La canola y el girasol presentan oportunidades para desarrollar cadenas de aceites y subproductos a mayor escala, mientras el maíz y el trigo forman parte de otras cadenas agroindustriales con potencial de expansión.
Con ellos se pueden fabricar un universo mucho más amplio que el aceite y la harina. Proteínas, ali­mentos, ingredientes industriales, lubricantes, adhesivos, plásticos ybiocombustibles. “No tenemos que inventar la oportunidad, pues ya la tenemos. Debemos organizarla y de­sarrollarla”, acotó el presidente.
Aceite, harina y cascarilla generaron más de USD 870 millones en exportaciones entre enero y julio de 2026.
Aceite, harina y cascarilla generaron más de USD 870 millones en exportaciones entre enero y julio de 2026.
El biodiésel ocupa un lugar estra­tégico. Paraguay produce materias primas agrícolas y, al mismo tiempo, importa combustibles fósiles. Una mayor incorporación de biocombus­tibles permitiría conectar dos secto­res que hasta ahora muchas veces se analizan por separado: agro e indus­tria energética.
“Los biocombustibles permiten vincular agricultura, industria y energía. No son solo una alternativa ambiental, también constituyen una oportunidad económica, energética y estratégica”, señaló Raúl.
El próximo salto estará en la decisión de siembra, la gestión de cultivos, la agricultura de precisión, genética, datos e inteligencia artifi­cial que pueden mejorar productivi­dad, anticipar riesgos y optimizar el uso de insumos.
Ese desafío exige también talento preparado para los nuevos reque­rimientos del agro. Esto implica técnicos, ingenieros, especialistas en datos, profesionales capaces de interpretar nuevas tecno­logías y equipos preparados para trabajar con estánda­res internacionales.
Trazabilidad. Europa y otros destinos exigen cada vez más información sobre el origen de los productos, su trazabilidad y su impacto ambiental. Para Paraguay, esto implica costos y adapta­ción, pero también una po­sibilidad de diferenciación.
La entrada en aplicación del Reglamento europeo contra la deforestación -EUDR- coloca a la soja para­guaya frente a la exigencia de demostrar que la produc­ción cumple determinados criterios ambientales y de trazabilidad. “Las nuevas regulaciones están modi­ficando las condiciones de acceso a los mercados, y más que una amenaza en Cappro lo vemos como gran oportunidad”, adelantó.
En este sentido, aseguró que el reto será demostrar con información, trazabilidad y tecnología aquello que Paraguay ya tiene como ventaja: una producción capaz de competir globalmente.
Los biocombustibles representan una oportunidad para conectar agricultura, industria y energía y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.
Los biocombustibles representan una oportunidad para conectar agricultura, industria y energía y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.
Hidrovía y competitividad. Para una economía mediterránea como la nuestra, la Hidrovía Paraguay-Para­ná continúa siendo una pieza crítica para que los productos puedan llegar eficientemente al mundo.
“En los mercados internacionales, donde cada dólar cuenta, esos sobre­costos pueden definir si un producto paraguayo es competitivo o queda fuera del mercado”, advirtió.
Para la Cappro, la discusión ya no pasa únicamente por cuánto cuesta navegar, sino por qué servicio recibe el país a cambio de ese costo. Navega­bilidad, infraestructura, previsibili­dad y eficiencia son variables direc­tamente vinculadas a la capacidad de competir.
Los productos industrializados paraguayos -aceite, harina y cascarilla- generaron más de USD 870 mi­llones en exportaciones entre enero y julio de 2026. Llegan a más de 40 países y abren una vía para reducir la dependencia de la exportación de granos sin procesar.
Ahí aparece uno de los grandes desafíos de la próxima década que consiste en encontrar nuevos com­pradores, pero también nuevos productos para venderles. “Imagino un Paraguay en el que la discusión ya no sea solo cuántas toneladas de soja producimos, sino cuántos productos generamos a partir de cada tonela­da”, proyectó.
Para concluir, Raúl, dijo que el país ya tiene productores eficientes, infraestructura industrial, tecnolo­gía, capital privado y una base agrí­cola de escala internacional. Ahora lo que está en juego es cómo conectar esas fortalezas. “Un país no se desa­rrolla solamente por lo que produce sino por lo que es capaz de transfor­mar”, puntualizó.