
21/10/2026 01:49
El talento que no aprovechamos: una oportunidad para crecer
- Por Stella Guillén.
- Presidenta de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD)
¿Qué pasa si nuestras empresas y nuestra economía estuvieran desaprovechando una parte importante del talento disponible? ¿Cuánto estaríamos dejando de producir, innovar y crecer?
Estas preguntas surgieron durante el Diálogo Regional de Política del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), bajo el título Mujeres, productividad y crecimiento. Un encuentro que propuso una mirada tan sencilla como provocadora: abordar la participación económica de las mujeres no solamente desde los derechos y las brechas, sino también desde la productividad.
La reflexión parte de un principio básico de la economía: ser más productivos significa, en buena medida, utilizar mejor los recursos que tenemos. Y entre esos recursos, probablemente el más valioso sea el talento humano.
Pensemos en una empresa. Ningún empresario querría tener máquinas trabajando a la mitad de su capacidad, capital inmovilizado o recursos invertidos en actividades que no generan suficiente valor. Sin embargo, ¿nos hacemos las mismas preguntas sobre cómo aprovechamos el talento de las personas?
La evidencia económica demuestra que una mejor asignación del talento puede generar importantes ganancias de productividad y crecimiento. Investigaciones académicas y del Fondo Monetario Internacional muestran que reducir las barreras que impiden a las personas desarrollar plenamente sus capacidades puede traducirse en mejores resultados económicos.
Y aquí aparece una pregunta inevitable: si las mujeres representan aproximadamente la mitad del talento potencial de nuestra economía, ¿estamos generando las condiciones para aprovecharlo plenamente?
Las barreras pueden adoptar distintas formas. Una profesional que limita su carrera por las responsabilidades de cuidado. Una mujer preparada que no accede a posiciones de liderazgo. Una emprendedora con un proyecto viable que no consigue financiamiento porque carece de garantías suficientes.
En todos estos casos existe algo más que una oportunidad individual perdida. Existe también un costo económico: talento que no se desarrolla, inversiones que no se concretan, empresas que no crecen y capacidades que nuestra economía deja de aprovechar.
Esto nos invita a cambiar la perspectiva. Reducir las barreras que enfrentan las mujeres no es solamente una cuestión de equidad; es también una decisión económica inteligente.
Para los empresarios, esta reflexión resulta especialmente relevante. Revisar los procesos de selección, las oportunidades de desarrollo profesional, las condiciones de trabajo o los mecanismos de promoción puede revelar barreras que pasan inadvertidas. Y aquello que inicialmente parece un costo —invertir en capacitación, flexibilidad o mejores condiciones para desarrollar el talento— puede terminar convirtiéndose en una ganancia de productividad, innovación y competitividad.
Desde la Agencia Financiera de Desarrollo compartimos esta visión. Trabajamos para reducir las barreras de acceso al financiamiento mediante líneas de crédito, garantías y alianzas institucionales que nos permiten llegar a distintos segmentos de la población.
Un ejemplo concreto es el Fondo de Garantía para las Mujeres (FOGAMU), a través del cual ya se han emitido más de 5.740 garantías, respaldando créditos por más de USD 75 millones. Detrás de estas cifras hay oportunidades para emprender, invertir y desarrollar capacidades productivas que, de otra manera, podrían quedar limitadas por la falta de garantías.
Sabemos, sin embargo, que el financiamiento por sí solo no resuelve todas las barreras. Necesitamos capacitación, alianzas y condiciones que permitan transformar las oportunidades en resultados.
No existe una única receta. Pero sí un punto de partida indispensable: la intencionalidad.
La decisión consciente de identificar qué barreras están impidiendo aprovechar mejor nuestros recursos y actuar para eliminarlas. Desde las empresas, revisando prácticas e incentivos. Desde las instituciones públicas, diseñando instrumentos adecuados. Y desde la sociedad, reconociendo que el talento necesita oportunidades para convertirse en desarrollo.
Porque, finalmente, la pregunta no es solamente cuánto cuesta reducir estas barreras, sino cuánto nos está costando mantenerlas.
Y quizás allí encontremos una de las oportunidades más importantes para construir una economía paraguaya más productiva, competitiva y próspera.