Everson Cavalheiro, referente del sector, destaca el potencial del cultivo, impulsado por la demanda de etanol, la producción pecuaria y las oportunidades de agregar valor dentro del país.
Un cultivo con más demanda y oportunidades. El maíz paraguayo tiene perspectivas de crecimiento tanto en superficie sembrada como en productividad por hectárea. La expansión de la industria del etanol y el aumento del consumo para la producción de proteína animal y leche impulsan esta tendencia.
“Las plantas que ya están en operación y las nuevas que se están instalando van a consumir una gran parte de la producción”, expli­có Everson Cavalheiro, ingeniero agrónomo y gerente de Semillas de Agrofértil.
Everson Cavalheiro, ingeniero agrónomo y gerente de semillas de Agrofértil, analiza las perspectivas del maíz en Paraguay.
Everson Cavalheiro, ingeniero agrónomo y gerente de semillas de Agrofértil, analiza las perspectivas del maíz en Paraguay.
A esta demanda se suma el cre­cimiento de la avicultura, la porci­cultura, el engorde de ganado y la fabricación de balanceados, activi­dades que amplían las oportunida­des comerciales para el grano.
Exportaciones que dinamizan la economía. Según datos de Capeco, las exportaciones de maíz alcanza­ron USD 596 millones en 2025, un au­mento del 85 % frente a 2024. En ese periodo, el cultivo fue el principal factor de compensación del sector agrícola, en un contexto de desem­peño más moderado de la soja.
Para 2026, las perspectivas man­tienen al comercio exterior como un componente importante de la activi­dad. Sin embargo, su impacto tam­bién se extiende al mercado interno.
“Es un cultivo que involucra a pequeños, medianos y grandes productores”, señaló Everson, quien destacó la generación de empleo, ga­nancias y movimiento económico en sectores vinculados al agronegocio, como el transporte, los silos, los pro­veedores de insumos, la industria y el comercio.
La industrialización permite transformar el maíz en etanol, balanceados, burlanda y aceite, generando oportunidades para agregar valor.
La industrialización permite transformar el maíz en etanol, balanceados, burlanda y aceite, generando oportunidades para agregar valor.
Industrializar para agregar valor. La creciente demanda interna modifica el destino de la cosecha. Una proporción cada vez mayor del maíz se utiliza en Paraguay para producir etanol y alimentar distin­tas actividades pecuarias.
Esta transformación abre oportu­nidades para comercializar produc­tos con mayor valor agregado, entre ellos etanol, balanceados, DDG o burlanda y aceite.
“La idea es no solo exportar o vender el maíz in natura, sino comercializar productos terminados”, sostuvo el profesional.
Brasil y Chile concentran la mayor parte de las exportaciones paragua­yas y seguirán siendo mercados clave. Brasil representa una oportunidad particular por el crecimiento de su in­dustria de etanol de maíz. A su vez, el ingreso a destinos no tradicionales de África y Asia refuerza la importancia de diversificar compradores.
La inversión en genética, fertilidad del suelo y manejo es fundamental para elevar la productividad y sostener el crecimiento del cultivo.
La inversión en genética, fertilidad del suelo y manejo es fundamental para elevar la productividad y sostener el crecimiento del cultivo.
Genética y manejo para sostener el crecimiento. El desafío pasa por aumentar la superficie cultivada y mantener el avance de los rendi­mientos. La genética, la fertilidad del suelo y las buenas prácticas de manejo son factores que el produc­tor puede gestionar para mejorar sus resultados.
El clima continúa siendo una variable difícil de controlar, con las altas temperaturas, la sequía y las heladas de julio afectaron los rendi­mientos en algunas zonas. Para es­tos casos, Everson plantea el uso de herramientas como YVY Clima, de Agricultura Digital YVY – Agrofértil, que permiten acceder a datos cli­máticos para tomar decisiones más acertadas y mejorar la eficiencia.