Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
“Cuidar lo colectivo no compite con el éxito de nuestros propios proyectos, lo multiplica y transforma de verdad la manera en que construimos país”.
Viajar tiene la virtud de desarmar certezas y abrir espacio a nuevas preguntas. Estos días me encuentro recorriendo Países Bajos y Finlandia junto a una delegación destacada de empresarios paraguayos, convocados por el Pacto Global Paraguay. Vinimos con una agenda orientada no solo a explorar oportunidades de negocios, tecnología y expansión, sino también a descubrir y aprender nuevas formas de hacer las cosas. Lo que más me impactó no fue solo la visión de futuro ni la magnitud del impacto que generan las organizaciones que visitamos, sino la mentalidad detrás de esos logros, la colaboración como principio de vida.
En las afueras de Róterdam visitamos el corazón de su agricultura tecnificada en Westland. Es impresionante ver cómo un país con territorio limitado y clima adverso se convirtió en una potencia agroalimentaria mundial. Cuando preguntás cuál es el secreto, la respuesta no se reduce a la robótica ni a los invernaderos inteligentes.
La clave está en lo que ellos llaman la triple hélice, una articulación diaria y genuina entre productores, centros de investigación como la Universidad de Wageningen y el sector público. Competidores directos comparten datos sobre consumo de agua, energía y control biológico porque entienden que elevar el estándar de toda la industria protege el futuro de cada uno.
Días después, a miles de kilómetros, en la Laponia finlandesa, volvimos a escuchar exactamente el mismo mensaje durante nuestra visita a Jaakkola Reindeer Farm, en la zona de Luosto. En un entorno implacable, donde el pastoreo sobrevive a través de los siglos, la subsistencia depende de un sistema comunitario.
Los pastores no solo vigilan y alimentan los animales del vecino; se unen en equipo para los grandes rodeos, abren senderos juntos en la nieve profunda, se alertan de los peligros y reparan la infraestructura que usan todos. Saben que en el clima ártico nadie prospera en soledad. Si a una familia le va mal, si sufre una pérdida o queda desprotegida, la estabilidad de toda la comunidad se resquebraja.
Fue revelador constatar que, tanto en los invernaderos de alta tecnología como en la nieve ártica, la lección de fondo es idéntica. El progreso nunca es un logro individual. Esto invita a mirar con atención nuestra propia realidad en Paraguay, donde en el entorno empresarial todavía cuesta soltar la desconfianza, nos cuesta compartir información y muchas veces miramos al colega del mismo sector con recelo, asumiendo que para ganar alguien tiene que perder.
Viajes como este tienen el valor inmenso de ampliar la mirada y presentar nos modelos exitosos que nos inspiran a generar cambios. En nuestra delegación veo a líderes de sectores diversos conversando con apertura, intercambiando aprendizajes y dispuestos a llevar a nuestro país ideas frescas y mejores prácticas de trabajo.
Aprender a cooperar y poner sobre la mesa el conocimiento práctico nos hace avanzar a todos más rápido. Cuidar lo colectivo no compite con el éxito de nuestros propios proyectos, lo multiplica y transforma de verdad la manera en que construimos país.
