
Fernando Brítez, diseñador industrial y propietario de Cocoguay, apuesta por innovar con el mbokaja paraguayo a través de un yogur bebible artesanal.
01/11/2026 08:00
Diseñador industrial paraguayo transforma el mbokaja en yogur
Fernando Brítez, CEO y propietario de Cocoguay, desarrolló un yogur bebible de coco paraguayo con solo dos ingredientes, sin espesantes ni endulzantes añadidos. Desde J. Augusto Saldívar, apuesta por innovar en alimentos, revalorizar una materia prima local y recuperar el lugar del mbokaja en la mesa nacional.
Un fruto que crece entre cultivos paraguayos, una fórmula de apenas dos ingredientes y la mirada de un diseñador industrial dieron origen a una propuesta poco habitual en el mercado local: un yogur bebible elaborado a partir del mbokaja.
Detrás de esta innovación está Fernando Manuel Brítez López, CEO y propietario de Cocoguay, quien encontró en la transformación de alimentos una manera de unir conocimiento técnico, aprovechamiento de recursos y cultura gastronómica.
El nuevo producto nace de una búsqueda que comenzó durante la pandemia, cuando Fernando empezó a comercializar zumo de coco mbokaja, conocido popularmente como leche de coco. Con el tiempo, amplió su catálogo con dulce, harina y aceite, hasta dar el siguiente paso de desarrollar una alternativa fermentada que explorara las posibilidades alimenticias de este fruto tradicional.

El yogur combina zumo de coco y cultivos lácticos vivos, sin conservantes ni espesantes añadidos.
La fórmula del yogur es sencilla en su composición, pero según contó Fernando, requirió resolver un desafío técnico importante. Está elaborado con zumo de coco y cultivos lácticos vivos de certificación italiana, sin conservantes, espesantes, estabilizantes ni endulzantes añadidos.
Conseguir esos cultivos fue una tarea compleja, ya que la oferta de productos fermentados de origen vegetal todavía es limitada en Paraguay. La importación del iniciador adecuado demoró un año.
El resultado es un yogur bebible de sabor intenso a mbokaja fermentado, con una textura más ligera que la de los yogures convencionales de leche de vaca. La diferencia responde, entre otros factores, a que la base de coco no contiene las mismas proteínas que la leche animal y a que la receta prescinde de ingredientes destinados a espesar o estabilizar la mezcla.
El yogur se presenta en envases de 200 mililitros. La elección del tamaño está vinculada con la concentración de almendra de coco que requiere cada botella y con su aporte energético.
Por su composición, puede ser una opción para quienes necesitan complementar sus requerimientos de energía, incluidos algunos deportistas, aunque el aporte nutricional debe evaluarse según la formulación y las necesidades de cada persona.
“Una bomba de energía para una maratón”, describió el CEO al explicar el concepto detrás de la presentación. Su intención es ofrecer un alimento con identidad propia, en el que el coco sea protagonista y no un ingrediente secundario disimulado por otros componentes.

El joven emprendedor destacó que los productos se comercializan, por el momento, en barrios de Asunción, Areguá y J.A. Saldívar.
La elaboración sigue siendo familiar y artesanal. Desde la cosecha y la apertura de los cocos hasta el procesamiento, cada etapa requiere trabajo manual. La producción actual ronda los 10 litros semanales, con capacidad para triplicarse de acuerdo con la demanda.
Cocoguay trabaja por pedidos para mantener la frescura y evitar desperdicios, una decisión coherente con su filosofía, aunque representa un desafío frente a consumidores acostumbrados a encontrar productos disponibles de manera permanente.
Innovación desde el diseño industrial. La formación de Fernando como diseñador industrial influye directamente en su manera de emprender, ya que todos sus conocimientos se enfocan en estudiar cómo transformar una materia prima en un producto alimenticio con valor, atendiendo tanto a la formulación como a los procesos y al aprovechamiento integral de los recursos.

“Me formé como diseñador industrial, lo que me permitió considerar el diseño de alimentos como una forma de emprender en nuestro país”, señaló.
La producción se realiza en J. Augusto Saldívar, una localidad donde abundan los cocoteros. La almendra se aprovecha para elaborar distintos productos y la cáscara vuelve al suelo como materia orgánica.
Además, los frutos provienen de plantas que crecen entre cultivos como mandioca, calabaza y frutilla, sin necesidad de establecer plantaciones propias.
El siguiente desafío, contó, será diseñar una herramienta que facilite la apertura del coco, actualmente una de las tareas más difíciles del proceso. También proyecta desarrollar yogures con otras materias primas, una alternativa para diversificar la oferta cuando finaliza la temporada anual del mbokaja.

El producto llega en presentaciones de 200 ml y una fórmula de solo dos ingredientes.
Los productos de Cocoguay se comercializan en Carácter Sagrado, en el barrio Carmelitas de Asunción; en Ambacafé, en Areguá; y en su planta de producción de J. Augusto Saldívar.
“La meta que tengo es que el coco vuelva a formar parte de nuestra alimentación cotidiana”, afirmó. Su aspiración es que el yogur de mbokaja llegue a los desayunos y meriendas de niños y niñas del país, como una muestra de que la innovación también puede surgir de revalorizar lo propio.