Por: Adelaida Alcaraz
La actividad acuática ofrece una alternativa para mantenerse en movimiento, ganar confianza y cuidar el bienestar en distintas etapas de la vida. En Natación Zelada, la atención personalizada es la clave para acompañar cada proceso.
El cuerpo cambia con los años. Las articulaciones pueden resentir ciertos esfuerzos y movimientos cotidianos volverse más difíciles. Para algunas personas, retomar la actividad física significa encontrar una alternativa más amable con el cuerpo. Para otras, el primer paso consiste en vencer un miedo que las acompaña desde la infancia: entrar al agua sin saber nadar.

En ambos casos, la piscina puede abrir una nueva posibilidad. La flotabilidad reduce la carga que soporta el cuerpo y facilita movimientos que, fuera del agua, exigen un esfuerzo mayor. Esa característica convierte al medio acuático en un aliado para ejercitarse, trabajar la resistencia y mantener la movilidad.
“Realizar ejercicios en el agua tiene muchos beneficios que de por sí ya son terapéuticos”, afirmó la profesora Nair Zelada, directora de Natación Zelada. Y es que, a su criterio, la natación reúne ventajas que van más allá del entrenamiento físico, por ejemplo, que todas las partes del cuerpo se mueven en simultáneo, además de que el agua es un sedante y relajante natural. “Lo llaman el deporte ‘todo en uno’. Si las personas supiesen todos los beneficios de la natación no dejarían de nadar un solo día”, aseguró.

La experiencia, sin embargo, cambia según quién se encuentre frente a la piscina. Una persona mayor puede buscar una forma de mantenerse activa sin someter sus articulaciones a un impacto elevado; alguien que lleva tiempo sin ejercitarse puede necesitar recuperar gradualmente su condición física.
En cada caso, la intensidad y los ejercicios deben ajustarse a las posibilidades individuales. Cuando existe una lesión o una condición médica, también es importante contar con orientación profesional: la actividad recreativa no reemplaza un tratamiento de rehabilitación.
Aprender sin vergüenza. El desafío tampoco siempre es físico. Muchos adultos llegan sin haber aprendido a nadar y sienten vergüenza de reconocerlo. Otros conservan el recuerdo de un susto durante la infancia que transformó el agua en una fuente de temor.
“Es normal que el adulto tenga miedo, ya que es un medio desconocido para ellos y, en la mayoría de los casos, son personas que han tenido un susto en su infancia y eso ha quedado grabado”, explicó la directora.
Frente a esa realidad, la confianza es parte esencial del aprendizaje. “En nuestra escuela tenemos preparado un ambiente familiar que les da la confianza necesaria para el nuevo desafío que van a empezar, además de técnicas de aprendizaje y los conocimientos necesarios que hemos adquirido a través de las experiencias para aplicar a cada caso”, agregó.

Por eso, el proceso comienza con una evaluación individual. “En la primera clase se realiza un diagnóstico para conocer el punto de partida y, a partir de ahí, dar un seguimiento”, señaló. No todos avanzan al mismo ritmo ni persiguen el mismo objetivo. La propuesta es acompañar esas diferencias sin convertir el aprendizaje en una carrera.
Una historia que sigue en movimiento. Fundada en Asunción el 28 de diciembre de 1957 por el profesor Patricio Zelada Silva, Natación Zelada mantiene la enseñanza personalizada como uno de sus pilares. Su piscina climatizada permite desarrollar clases durante todo el año, mediante cursos mensuales y grupos limitados. Aunque la demanda aumenta entre noviembre y marzo, el aprendizaje y el ejercicio acuático no tienen por qué quedar restringidos al verano.
En el caso de los niños, aprender a nadar también contribuye a desarrollar habilidades importantes para desenvolverse en el agua, aunque nunca sustituye la supervisión adulta ni las medidas de prevención de accidentes.

La escuela busca preservar el entorno cercano que caracteriza su propuesta. “Nos interesa mantener el ambiente familiar, ya que nuestra especialidad es el primer aprendizaje. Apuntamos a la calidad del trabajo para poder llegar a la excelencia que fue el principal motivo de la creación de Natación Zelada”, reveló su directora.

A veces, el objetivo es mejorar la condición física; otras, superar el miedo o aprender aquello que quedó pendiente durante años. En el agua, cada avance puede convertirse en una conquista personal. Porque volver a empezar no depende de la edad, sino de encontrar el acompañamiento adecuado para dar la primera brazada.
