Con producción artesanal, formación técnica y premios internacionales, la quesería de la Escuela Agrícola Cerrito demuestra cómo la educación puede convertirse en una unidad productiva con identidad propia, empleo de capacidades y potencial de mercado.
De 300 a 1.500 litros de leche. En Cerrito, Benjamín Aceval, el aprendizaje también se mide en kilos de queso. La quesería de la Escuela Agrícola Cerrito, dependiente de la Fundación Paraguaya, combina formación práctica y producción con una apuesta por agregar valor a la materia prima local.
Bajo la dirección del maestro quesero Ricardo Negrete, los estudiantes participan en las distintas etapas del proceso de producción de queso. Según explicó el ingeniero en alimentos Carlos Penayo, la fábrica pasó de trabajar con una tina de 300 litros a otra con capacidad de 1.500 litros, un salto que amplía su escala productiva.
El ingeniero Carlos Penayo, explica los procesos de producción en la planta ubicada en Benjamín Aceval. Foto: Gentileza
El ingeniero Carlos Penayo, explica los procesos de producción en la planta ubicada en Benjamín Aceval. Foto: Gentileza
Actualmente, elaboran quesos dos veces por semana, los martes y jueves, y producen aproximadamente 120 kilos semanales. Como la leche del establecimiento no alcanza para cubrir la demanda, complementan el abastecimiento con compras a dos proveedores de la zona.
Una escuela que produce y compite. La fábrica funciona también como aula, ya que los estudiantes de distintos cursos aprenden sobre higiene, manipulación de alimentos, elaboración, corte, envasado y etiquetado. Los alumnos más avanzados cumplen el rol de monitores y acompañan a sus compañeros de niveles inferiores.
La propuesta conecta educación y actividad económica para formar jóvenes con conocimientos técnicos mientras se desarrolla una línea de productos con identidad y calidad diferenciada.
Ricardo Negrete, gerente de la fábrica de quesos de la Escuela Agrícola Cerrito. Foto: Gentileza
Ricardo Negrete, gerente de la fábrica de quesos de la Escuela Agrícola Cerrito. Foto: Gentileza
Medallas que abren mercado. El Queso Azul Cerrito es el emblema de la marca. Ganó una medalla de oro en el Concurso Internacional de Quesos del Nuevo Mundo, en Chile, y se distingue por su sabor intenso. Su maridaje recomendado incluye miel local o mermelada de locotes.
El Queso Ibérico Cerrito, elaborado con leche de vaca y cabra, también obtuvo múltiples medallas de bronce en esa competencia, en distintas categorías.
La oferta incluye quesos tiernos y madurados, además de bondiolas, grisines y dulces artesanales. Los productos se comercializan en la recepción del Hotel Cerrito y en los supermercados Casa Rica y Superseis.
Más que una especialidad gastronómica, Cerrito construye un modelo donde la capacitación y la producción con valor agregado pueden convertirse en una oportunidad de negocio.
El Queso Azul Cerrito obtuvo la medalla de oro en el Concurso Internacional de Quesos del Nuevo Mundo, en Chile. Foto: Gentileza
El Queso Azul Cerrito obtuvo la medalla de oro en el Concurso Internacional de Quesos del Nuevo Mundo, en Chile. Foto: Gentileza