Mónica Marchett, CEO del Grupo Mônica y referente de la ganadería brasileña compartió su historia con FOCO. Dijo que llegó al campo a los 22 años y transformó aquella pasión en liderazgo, genética de élite y una visión empresarial que pone a las personas en el centro.
A los 22 años, Mónica Marchett llegó a una hacienda en Rondonópolis, Mato Grosso, sin imaginar que aquel encuentro con el campo cambiaría su vida. Proveniente de una familia ligada a la moda, descubrió en la ganadería una pasión que se convertiría en un proyecto de más de tres décadas, marcado por la genética Nelore, la visión empresarial y el liderazgo. “Llegué allí, miré eso y no me dieron más ganas de irme”, recordó.
Como CEO del Grupo Mônica y reconocida referente de la ganadería brasileña, construyó una trayectoria que demuestra que la excelencia productiva puede convivir con una profunda vocación humana. Su mayor aspiración, sin embargo, trasciende los resultados y los reconocimientos.
“Me gustaría tener una hacienda que sea referencia, no solo del mejor ganado, sino referencia en la parte humana”, afirmó.
Su filosofía también desafía las barreras de género y reivindica la capacidad de cada persona para construir su propio camino. “El ser humano es capaz de cualquier cosa que quiera hacer, tanto el hombre como la mujer”, sostuvo.
Y es que para Mónica, el futuro del agro exige mirar más allá de los números, esto significa, formar equipos, cuidar los recursos y preparar empresas capaces de trascender generaciones. Su prioridad se resume en esta frase: “Primero están las personas, después, el cuidado de la tierra y los animales”.
La empresaria llegará a Paraguay para participar del 2.º Encuentro Internacional de Mujeres Protagonistas del Agro, el 16 y 17 de noviembre, en Asunción y compartirá su propia historia, una que invita a pensar qué campo queremos construir y qué legado deseamos dejar. Hoy día producir con excelencia es fundamental, pero liderar para que otros también puedan crecer es lo que convierte una empresa en legado.