
Christian Kennedy, director de London Import.
10/10/2026 06:00
Para que te gusten los resultados tenés que enamorarte de los requerimientos
Christian Kennedy
Director de London Import
La mayoría de la gente ama los resultados, pero odía los requerimientos para los mismos.
“Cuando……… voy a………” (Completá tu deseo).
Y ahí empieza el entusiasmo de idear y armar.
“Vamos a”. “Tengo que”. “Hay que”.
Podés estar pensando en un cambio personal, alguna situación particular en tu trabajo o, inclusive, planificando con y para tu empresa con miras al 2027.
Recuerdo, no hace mucho, un discurso de “en X tiempo vamos a duplicar las ventas de la compañía”. La visión estaba. El potencial del mercado está. El deseo también.
Identificado el sueño, el ticket para ese vuelo se compró sin dudar. En no tanto tiempo, estaríamos volando hacia ese destino.
Al poco tiempo, cuando se empezó a indagar sobre los avances en la planificación de ese sueño, muchas cosas dejaban que desear porque no se visualizaba lo básico para lograrlo.
“Estamos viendo con el equipo” (el equipo no estaba enterado).
“Automáticamente se irá calculando la data que extrae del sistema, generando las proyecciones estimadas” (no se revisaba en profundidad la fuente de la data ni los criterios utilizados para los distintos puntos a tener en cuenta).
Construirlo no estaba recibiendo la dedicación que exigía. Las grandes cosas requieren “ensuciarse”, meterse al detalle, al menos un par de veces, para entender en profundidad qué mueve los sistemas económicos a los que nos enfrentaremos en este camino. Las grandes cosas no son más que la suma de pequeñas cosas.
Nos gusta hablar, pero nos cuesta más hacer. Hacemos, pero quizás no lo que más necesitamos, porque eso requiere enfrentarnos a desafíos que pueden mostrarnos que el plan del que hablamos, cuando lo ponemos en blanco y negro, no es tan sencillo. Y nos cuesta aceptar la idea de que podemos fallar.
Para lograr lo que queremos, por ende, tenemos que enamorarnos de hacer lo cotidiano. De, una vez más, repetir ese ejercicio que ya hicimos tantas veces y que alguien (internamente, externamente o el propio mercado con sus resultados) nos corrigió. Y volver a hacerlo aunque no nos haya gustado, porque nuestro ego siente rechazo. De vivir la incertidumbre. De saber que quizás no va a salir como esperamos.
Enamorarse de revisar el dato incómodo que invalidaría la hipótesis declarada. De preguntar qué falta. De rehacer la planilla. De discutir un supuesto. De repetir la acción durante meses, aunque haya desaparecido la excitación inicial.
Esa construcción, esos requerimientos para lograr lo que queremos, requieren repetición y ajustes, repetición y ajustes. Repetición y ajustes.
En vez de esperar a la meta o al sueño cumplido para sentir satisfacción, busquen hitos en el camino que los ayuden a enamorarse de los requerimientos.
“¡Ya tenemos finalmente la data para entender mejor el mercado!”
“¡Ya logramos conquistar 10 clientes más en camino a los 100 que buscamos!”
Un resultado es un solo episodio en el futuro que quedará en el pasado. Lo que se requiere es cotidiano.
Duplicar esas ventas puede ocurrir una vez, si existe un sistema que opera en todas las áreas de la empresa y trabaja día a día, todos los días, para lograrlo. No sólo en los negocios. Conseguir ese cuerpo fit requiere disciplina para entrenar, dormir, comer, salir y más. Compartir la vida con una persona que consideramos exitoso requiere aceptar lo que ese éxito exige.
Los resultados pueden no ser exactamente como esperamos. Por eso, más que obsesionarnos con controlar el resultado, tenemos que saber cuánto estamos dispuestos a hacer, una y otra vez, no lo que nos gustaría, sino lo que se requiere.