La investigadora Claudia Vargas busca convertir los residuos de una fruta de estación en fibras textiles, llevando la economía circular del descarte a una nueva frontera de innovación.
En Paraguay, el mango está a punto de ser nuevamente protagonista. Faltan apenas tres meses para que comience la temporada y miles de frutas vuelvan a llenar árboles, patios y calles. Muchas terminarán en la mesa; otras, en el suelo. Sin embargo, una investigadora paraguaya está mirando ese escenario desde otro ángulo: ¿y si el mango que hoy se descarta pudiera convertirse en tela, fibra o un nuevo biomaterial?
Esa es la pregunta que llevó a la ciencia a poner el mango bajo la lupa y explorar el potencial de sus residuos como materia prima para desarrollar materiales con valor agregado. Claudia Violeta Vargas Benítez, docente e investigadora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción (FADA-UNA), investiga las propiedades textiles de los residuos del mango y su potencial para desarrollar nuevos biomateriales.
La propuesta cambia la mirada sobre una fruta que forma parte del paisaje cotidiano del país. Ya no se trata solamente de aprovechar el mango como alimento, sino de preguntarse qué más puede producirse a partir de él y cuánto valor puede generarse antes de que aquello que sobra termine convertido en desperdicio. “Esa inquietud me llevó a investigar fibras textiles obtenidas del mango y, posteriormente, a profundizar el estudio gracias al financiamiento de proyectos de investigación”, explicó Claudia.
¿Cómo se transforma? El proceso comienza con algo tan simple como separar y preparar los residuos. La materia prima se lava y seca para luego analizar sus características. A partir de allí, la investigación busca modificar las fibras mediante tratamientos que permitan extraer o reducir componentes que dificultan su procesamiento.
Después llega una etapa clave: convertir esas fibras en un material que pueda trabajarse. Ahí se evalúan variables, realizan pruebas, desarrollan prototipos y registran los resultados para determinar qué combinación ofrece mejores características.
Es justamente ese recorrido -de residuo a material- el que convierte la investigación en una propuesta de biotecnología aplicada al diseño. La propia UNA destaca que el trabajo combina revisión bibliográfica, experimentación de laboratorio, prototipado y validación sistemática.
Paraguay ya está probando el negocio. La investigación académica tiene además un correlato empresarial. Maigotex, emprendimiento paraguayo impulsado por Verónica Alegre y Maura Martí, desarrolla un cuero vegetal a partir de residuos de mango. Según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el proceso parte de mangos recolectados durante la temporada, que son deshidratados, convertidos en polvo y posteriormente mezclados con polímeros naturales.
Tras casi un año de investigación y más de 1.500 pruebas, el emprendimiento logró desarrollar un material flexible, resistente, impermeable y biodegradable, pensado para productos como billeteras, carteras, calzados, tapizados y decoración. Actualmente se encuentra en etapa piloto y proyecta escalar su producción.
La investigación internacional también amplía el mapa de posibilidades. Estudios recientes exploran residuos de mango para obtener bioplásticos y otros materiales biodegradables, demostrando que cáscaras y semillas pueden convertirse en fuentes de nuevos polímeros.
Del residuo al negocio. Ese es quizás el punto más interesante para Paraguay. El mango no aparece aquí solamente como una fruta de estación, sino como una plataforma de innovación.
La investigación de Claudia busca que los biomateriales puedan transferirse al sector productivo y convertirse en soluciones de mayor valor agregado. Para lograrlo, la especialista considera fundamentales el financiamiento, el trabajo interdisciplinario y la conexión entre academia y empresas.
Cuando llegue diciembre y los mangos vuelvan a llenar los árboles, también habrá una nueva forma de mirarlos. Porque detrás de una fruta que durante décadas fue parte del paisaje paraguayo puede existir una cadena completamente diferente: residuo, ciencia, biomaterial, diseño y negocio.
Y esa transformación puede ser, precisamente, una de las caras más concretas de la economía circular: hacer que el final de una cadena productiva sea el comienzo de otra.
Su trabajo fue reconocido con el tercer puesto en el área de Ciencias Sociales, categoría Estímulo, del Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia.
Así, cuando en diciembre vuelva la temporada de mangos, quizás valga la pena mirar esa fruta desde otra perspectiva. Porque lo que parece simplemente un fruto de estación también puede esconder una nueva materia prima, una innovación y, potencialmente, una oportunidad de negocio.