Andrés Kemper, referente del sector, analiza el impacto de la Copa del Mundo en la cadena comercial. Desde la aceleración de la demanda y la consolidación omnicanal, hasta la urgencia de combatir la piratería y preparar al sector para el desafío del 2030, el empresario detalla las claves para convertir la pasión futbolera en un crecimiento formal y sostenible.
La Copa del Mundo terminó, pero su impacto trascendió las canchas. Para el sector del retail deportivo, el torneo dejó una enseñanza clara. Y es que los grandes eventos internacionales tienen la capacidad de transformar, en cuestión de semanas, el comportamiento de los consumidores y poner a prueba toda la cadena comercial, desde la logística hasta el abastecimiento.
La euforia generada por la competencia impulsó un crecimiento significativo en la demanda de camisetas oficiales, calzados e indumentaria deportiva, obligando a las empresas del sector a responder con rapidez y eficiencia. Detrás de cada venta hubo planificación, coordinación y una operación logística capaz de sostener un mercado que se aceleró al ritmo de la pasión futbolera.
Andrés Kemper, referente del sector, aseguró que “el Mundial nos recordó que cuando la pasión se vive intensamente, la respuesta del mercado también se acelera”.
La experiencia también dejó en evidencia que el éxito durante este tipo de eventos no depende únicamente del volumen de productos disponibles, sino de la capacidad de anticiparse a la demanda y mantener una cadena de suministro eficiente.
En ese sentido, el empresario destacó que “detrás de cada producto que llegó a nuestros clientes hubo mucho más que una operación comercial. Hubo planificación, coordinación, compromiso y una enorme capacidad de respuesta”, además del trabajo de equipos que lograron garantizar el abastecimiento incluso en los momentos de mayor demanda.
Otro de los aprendizajes que deja el Mundial es la consolidación de un consumidor omnicanal. Las compras ya no se concentran exclusivamente en los locales físicos, sino que se distribuyen entre tiendas y plataformas digitales, obligando al comercio a ofrecer una experiencia integrada y ágil. La combinación de ambos canales se convirtió en un factor determinante para responder a los picos de consumo que generan acontecimientos de alcance global.
Sin embargo, el crecimiento del mercado formal también expuso un desafío que se repite en cada gran evento deportivo: la proliferación de productos falsificados. El incremento de la demanda suele venir acompañado por una mayor circulación de prendas ilegales que utilizan marcas registradas sin autorización, afectando tanto a las empresas como a miles de empleos vinculados a la producción, importación y comercialización de productos originales.
Sobre este punto, Kemper fue enfático al señalar que “la falsificación y comercialización ilegal de prendas con marcas registradas no solo perjudica a las empresas, sino también a las miles de personas que, con dedicación y profesionalismo, trabajan todos los días para ofrecer productos originales, generar empleo y aportar al desarrollo del país”.
En ese contexto, sostuvo que competir desde la legalidad, la innovación y el esfuerzo siempre será el camino correcto, “porque el crecimiento sostenible solo es posible cuando existe un mercado basado en reglas claras y en el respeto por el trabajo honesto”.
Con el torneo ya concluido, el desafío para el retail es capitalizar las lecciones aprendidas. La experiencia confirmó que la inversión en logística, tecnología y planificación permite responder con mayor eficiencia a escenarios de alta demanda, mientras que la integración entre el comercio físico y digital continuará siendo una de las principales herramientas para fortalecer la competitividad del sector.
Más que un fenómeno deportivo, la Copa del Mundo dejó una radiografía de cómo los grandes acontecimientos pueden dinamizar la economía, acelerar el consumo y evidenciar la importancia de construir mercados más eficientes, innovadores y comprometidos con la formalidad. Y sobre todo, recordar que si bien en 2026 fueron 48 selecciones las participantes, para el 2030 se prevén 64, lo que indica que, necesariamente, se deben redoblar esfuerzos para cumplir con toda la cadena de valor.