Lo que comenzó como un trabajo en marketing terminó convirtiéndose en una marca que desafía las reglas del mercado. Franco Cubilla es el nombre del emprendedor que transformó una combi soñada por su madre en un laboratorio de experiencias y hoy demuestra que los grandes negocios nacen cuando alguien se anima a crear algo diferente.
Cuando era niño, probablemente Franco nunca imaginó que su futuro estaría ligado al café. Tampoco que una combi estacionada frente a un conocido shopping de Asunción en el barrio Villa Morra terminaría convirtiéndose en el símbolo de una marca capaz de llamar la atención de toda una generación. Y mucho menos que un vehículo que durante años había sido el sueño de su madre terminaría siendo el corazón de su propio sueño.
Pero las historias más interesantes rara vez siguen un plan, a veces comienzan casi por accidente. En su caso, todo empezó detrás de una cámara. Antes de emprender, Franco trabajaba en el mundo audiovisual y del marketing. Su trabajo consistía en ayudar a otras marcas a contar historias. Hasta que una de esas historias terminó cambiándole la vida.
“Lab Coffee nació a partir de cómo me fui metiendo al mundo del café a través de mi trabajo en el audiovisual y marketing”, recordó.
Trabajaba para una marca cafetera y eso lo llevó a recorrer eventos, ferias y encuentros especializados. Mientras observaba a emprendedores, productores y baristas hablar apasionadamente sobre aromas, procesos y orígenes, descubrió algo que jamás había visto.
El café podía ser mucho más que una bebida, una cultura, comunidad. Esta bebida podía ser experiencia y una forma de conectar personas.
Muchos habrían visto un mercado pequeño. Sin embargo, Franco vio un universo entero. Y entonces comenzó a hacerse preguntas. ¿Por qué el café de especialidad seguía siendo un nicho tan reducido en Paraguay?, ¿por qué tanta gente consumía café sin conocer realmente todo lo que había detrás de cada taza?, ¿por qué nadie estaba enseñando?
Mientras buscaba respuestas, encontró una oportunidad. “El consumidor paraguayo aún está muy poco informado respecto al café, pero eso no es problema porque también da oportunidad a enseñar”, refirió.
Entonces fue ahí cuando apareció la idea casi irracional de tener una combi. “La combi es uno de los formatos más interesantes y nunca vi uno en forma de cafetería”, reveló. Pero había algo todavía más profundo, pues “era el vehículo soñado de mi mamá”, dijo entre risas.
Allí que entendió que los grandes negocios no siempre nacen de complejos estudios de mercado. A veces nacen de emociones, de recuerdos, de historias familiares, de sueños compartidos.
Franco decidió construir algo que nadie pudiera copiar y su originalidad le valió ser contratado para eventos empresariales y sociales. “Un laboratorio y una combi no se combinan, en teoría”, reflexionó. Y precisamente por eso decidió hacerlo ya que las mejores ideas suelen vivir exactamente allí.
Lab Coffee nació como una contradicción, siendo un laboratorio sobre ruedas, un espacio para experimentar, un lugar donde el café no fuera una rutina, sino un descubrimiento. “Un laboratorio de café es donde experimentamos todo”, afirmó Franco.
La palabra laboratorio define mucho más que una propuesta gastronómica. Es una filosofía que remarca la idea de prueba y de creación. La misma filosofía que impulsa a cualquier emprendedor. “El negocio genuinamente crece más por la experiencia y la diferenciación que tiene”, sostuvo.
Hoy su visión va mucho más allá de una combi. Sueña con una marca paraguaya capaz de estar presente en distintos formatos, con bebidas propias y una identidad inconfundible.
“Aspiro a una marca versátil, ´agarrapá´, que esté presente en todo”, contó entre risas. Y es que Franco no ambiciona con tener más metros cuadrados sino construir algo que permanezca, conecte e inspire.