Mientras espera la llegada de su primer hijo, Vinicius Tonidandel, gerente administrativo de Blascor, descubre que existen colores que no se encuentran en ningún catálogo. Son los de la ilusión, la esperanza y el amor que acompañan el inicio de una nueva generación. Entre los desafíos de liderar una empresa familiar y la emoción de convertirse en padre, comienza a escribir el legado más importante de su vida.
Existen mañanas que parecen iguales a todas las demás. La alarma suena temprano, el café humea sobre la mesa, el celular ya acumula mensajes y la agenda espera con reuniones, decisiones y proyectos. Sin embargo, hay mañanas en las que algo invisible cambia para siempre.
FOCO llegó hasta la casa de Vinicius Tonidandel en una de esas mañanas. El gerente administrativo de Blascor nos recibió con una sonrisa relajada, de esas que no suelen aparecer en las fotografías corporativas. El empresario que habitualmente habla de inversiones, crecimiento y estrategia hoy tiene otros temas rondándole la cabeza.
En una habitación de la casa hay ropa diminuta cuidadosamente acomodada, hay regalos, expectativas, nervios y, por supuesto, sueños compartidos. Pero lo que más llama la atención es que hay una ausencia que, paradójicamente, ya ocupa todo el espacio. La de hijo, que incluso antes de nacer, ya lo cambió todo.
Resulta curioso. Vinicius pasó gran parte de su vida rodeado de colores. Su historia familiar está ligada a una empresa que transforma paredes, hogares y espacios. Habla de tonalidades, combinaciones y acabados con la naturalidad con la que otros hablan del clima. Sin embargo, después de años trabajando en el mundo de las pinturas, descubrió que existía un color que todavía no conocía. El color de esperar a un hijo.
Y para alguien acostumbrado a encontrar respuestas, esa experiencia viene acompañada de una hermosa incertidumbre. “Es una sensación difícil de describir y que al principio uno tiene que asimilar. No obstante, la felicidad fue inmensa desde el primer momento”, contó.
Lo dijo sonriendo, pero también como quien todavía intenta comprender la magnitud de lo que está viviendo.
Durante años trabajó junto a su padre construyendo una empresa familiar que hoy forma parte de la historia de muchas familias paraguayas. Aprendió observándolo, escuchándolo, equivocándose, corrigiendo y creciendo. Sin darse cuenta, estaba viviendo una experiencia que ahora cobra otro significado porque por primera vez entiende lo que sintió aquel hombre que años atrás también lo esperaba a él.
“Durante años tuve y aún tengo el privilegio de trabajar junto a mi padre y a la familia, consolidando una empresa que forma parte de nuestra historia familiar, pero la llegada de un hijo te conecta con algo mucho más profundo. Es entender que ahora comienza una nueva generación y que todo lo que uno hace cobra un significado diferente”, reflexionó el gerente.
Hay una emoción especial cuando pronuncia la frase “nueva generación”. Y es que ella habla solamente de una familia. Tampoco solamente de una empresa, sino de continuidad, de raíces, de tiempo. De algo que empezó mucho antes de él y que ahora seguirá después de él.
Y cuando imagina el futuro, sus pensamientos se alejan por un momento de las oficinas y las reuniones. El piensa en algo mucho más simple y mucho más importante: en estar presente. “Me ilusiona poder acompañar cada etapa de su crecimiento, verlo descubrir el mundo, compartir tiempo en familia y crear recuerdos juntos. También me entusiasma la posibilidad de transmitirle valores, principios y enseñanzas que recibí de mis padres”, añadió.
La respuesta revela mucho sobre el hombre que está detrás del empresario. No habla de éxitos, sino de acompañar, compartir, estar. Como si entendiera que la verdadera riqueza de un padre se mide en recuerdos construidos junto a sus hijos.
En medio de la conversación aparece una de esas historias que provocan carcajadas entre quienes lo conocen. La famosa camisa azul. Todos en Blascor la conocen. Clientes, proveedores, colaboradores y amigos. Siempre azul. Todos los días. Sin excepción. Tan frecuente es la escena que muchos llegaron a sospechar que poseía una especie de uniforme secreto.
La realidad es mucho más simple. Vinicius tiene varias y todas prácticamente iguales. Cuando se le recuerda la anécdota, se ríe. Y admite que esa obsesión por el azul parece estar encontrando un heredero incluso antes de tiempo. Y es que mientras prepara la llegada del bebé, descubre que buena parte del pequeño guardarropa empieza a teñirse sospechosamente de ese mismo color.
“No fue planeado, simplemente ocurrió como ocurren las tradiciones familiares”, expresó entre risas. Y conste que el azul no aparece solamente en la ropa. También está presente en la habitación que espera al nuevo integrante de la familia. Las paredes fueron pintadas especialmente con Blascor Pared Protegida, una pintura antimicrobiana que elimina hasta el 99 % de las bacterias del ambiente durante un periodo de tres años. Entre más de 5.000 tonalidades disponibles en el sistema tintométrico de la empresa, el y su esposa eligieron el color Sky Blue AP 82-2.
Una elección que parece resumir este momento: El azul de los sueños que todavía están por cumplirse. “Hoy ya los directores están preparándose para la recepción de la tercera generación que está viniendo”, mencionó sonriente.
Y la frase provoca una imagen imposible de olvidar, una especie de directorio ampliado donde un futuro integrante, que todavía no aprendió a caminar, ya tiene reservado un lugar en la historia familiar.
La llegada de un hijo también cambió algo más profundo. Su definición del éxito. Y eso, para un empresario, no es un detalle menor. Durante años los objetivos estuvieron ligados al crecimiento, los resultados y los desafíos. Ahora la ecuación es distinta, es más humana, más simple y trascendente.
“Antes el éxito estaba muy ligado a objetivos profesionales, crecimiento y resultados. Hoy sigo valorando todo eso, pero entendí que el verdadero éxito también pasa por estar presente, formar una familia unida y construir una vida que tenga sentido más allá de los números”, aseguró Vinicius.
Agregó que el impacto de las decisiones que uno toma siempre tiene consecuencias y que con la paternidad esa responsabilidad se vuelve algo extraordinario. “La paternidad te enseña empatía, paciencia y escucha. Te obliga a entender que cada persona tiene sus tiempos y necesidades. Son habilidades que también resultan fundamentales para liderar equipos y construir relaciones de confianza”, puntualizó.