Los suelos arenosos de Paraguay resultan ideales para el desarrollo del maní, con rendimientos que superan al de otros cultivos tradicionales como la soja, lo que lo convierte en una opción altamente competitiva.
La industria del maní en Paraguay atraviesa un momento de transformación silenciosa, pero estratégica. Lo que durante años fue considerado un cultivo secundario hoy empieza a perfilarse como un nuevo motor agroexportador, impulsado por inversiones industriales, expansión agrícola y una creciente apuesta por la sostenibilidad productiva.
En ese contexto nació la Cámara Paraguaya de Procesadores y Exportadores de Maní (CAPPEM), una organización que busca ordenar y proyectar el crecimiento de un sector con fuerte potencial económico y ambiental.
El presidente Hans Karl Janz Janzen, sostuvo que la creación de la cámara responde a una necesidad concreta derivada del rápido crecimiento que experimentó el rubro en los últimos años. “El aumento del área de siembra y la instalación de nuevas plantas de procesamiento hicieron indispensable que el sector se organizara para trabajar de manera coordinada”, explicó.
Hans Karl Janz, presidente de CAPPEM.
Hans Karl Janz, presidente de CAPPEM.
Actualmente, Paraguay cuenta con unas 22.000 hectáreas sembradas de maní, con una proyección exportable cercana a las 45.000 toneladas y un valor estimado de USD 50 millones. Sin embargo, las expectativas son mucho más ambiciosas ya que el sector proyecta alcanzar en la próxima década unas 100.000 hectáreas cultivadas y exportaciones por hasta USD 250 millones.
El crecimiento no es casual. Paraguay posee una ventaja natural clave: sus suelos arenosos, históricamente considerados marginales para otros cultivos, resultan ideales para el desarrollo del maní. “El rendimiento del maní en esas tierras supera al de alternativas tradicionales como la soja, lo que convierte al cultivo en una opción altamente competitiva”, señaló Hans Karl.
Pero el verdadero desafío ya no está solo en producir más, sino en generar valor agregado y posicionar al maní paraguayo en mercados de alta exigencia. Para competir en Europa, por ejemplo, la industria debe garantizar niveles mínimos de aflatoxinas, bajas trazas de agroquímicos y procesos industriales avanzados como el blancheado del producto.
Hoy, entre el 70 % y el 80 % del valor del negocio sigue concentrado en la producción primaria. Sin embargo, la industrialización y la exportación diferenciada son vistas como la llave para consolidar un perfil premium. “Queremos que Paraguay sea reconocido por la calidad y la seriedad de su industria”, afirma el titular de CAPPEM.
En el tablero global, Paraguay todavía juega un rol emergente. Argentina lidera ampliamente el mercado internacional del maní, con una industria consolidada que genera alrededor de USD 1.500 millones anuales. Brasil y Guatemala también aparecen como competidores regionales fuertes en destinos de gran volumen como Rusia, China e India.
Aun así, el sector paraguayo cree que tiene espacio para construir una identidad propia. Más allá del negocio exportador, el maní también ofrece ventajas vinculadas a la sostenibilidad agrícola. Su incorporación en esquemas de rotación mejora la fertilidad del suelo y aporta diversidad productiva, un aspecto cada vez más valorado en los mercados internacionales.
Tan preciado es el producto que clientes internacionales aseguran la llegada del maní paraguayo a través  de reservas que incluyen pagos anticipados.FOTO: ILUSTRACIÓN
Tan preciado es el producto que clientes internacionales aseguran la llegada del maní paraguayo a través de reservas que incluyen pagos anticipados.FOTO: ILUSTRACIÓN
El componente nutricional del producto también abre nuevas oportunidades. El maní forma parte de programas globales de asistencia alimentaria y CAPPEM no descarta, en el futuro, participar en licitaciones internacionales vinculadas a organismos multilaterales.