En un contexto donde la velocidad suele marcar la agenda, Ada Lisa Chase, directora de El Álamo, eligió detenerse para pensar mejor. Su recorrido por el gobierno corporativo y la profesionalización de la función directiva deja una importante reflexión para líderes que buscan decidir con criterio, conciencia y visión de largo plazo.
Hay momentos en los que liderar no es avanzar, sino detenerse a pensar qué vale la pena sostener. Desde su experiencia, Ada Lisa Chase, directora de El Álamo, reveló que darse un tiempo de pausa consciente y transformador permite mirar el futuro con mayor claridad.
“El año que pasó me permitió madurar decisiones sin acelerar los procesos”, afirmó dejando entrever que fue un año de estudio, reflexión y revisión profunda sobre cómo se gobiernan las organizaciones, y especialmente, sobre cómo se podrían tomar decisiones en el contexto de una empresa familiar.
Explicó que, en ese camino, la formación se volvió un pilar clave. “Al formarme en gobierno corporativo y directorios profesionales, empecé a ponerle marco y lenguaje a muchas intuiciones que ya estaban presentes, pero aún no del todo ordenadas”, reflexionó. Así, lo intuitivo comenzó a encontrar estructura y lo aprendido, propósito.
Uno de los aprendizajes más significativos fue comprender con mayor claridad la frontera entre dirigir y gestionar. “Diferenciar el rol del director del rol de la gestión no es solo conceptual. Y es que cambia la forma en que se observa la organización, se asignan responsabilidades y se sostienen las conversaciones estratégicas”, reflexiónó.
Desde esa nueva mirada, la toma de decisiones adquiere otra densidad. “Estoy aprendiendo a mirarla desde el nivel de la gobernanza. No desde la urgencia operativa, sino desde una perspectiva más amplia, incorporando pensamiento crítico, mejor información y una visión de largo plazo, buscando mayor impacto y menor reacción”, acotó.
Dirigir, entonces, dijo, deja de ser intervenir constantemente y pasa a ser cuidar. El rol directivo implica comprender la organización como un todo y asumir que las decisiones no pueden responder únicamente a miradas individuales, sino al propósito y a la sostenibilidad del proyecto.
En la empresa familiar, esta mirada se vuelve aún más relevante, reflexionó. De allí que es necesario entender que las reglas claras, los marcos y los acuerdos no enfrían los vínculos; por el contrario, ordenan, protegen y dan proyección en el tiempo.
Más allá de los aspectos técnicos -finanzas, marcos jurídicos o planificación-, el liderazgo en la alta dirección se redefine. Requiere habilidades distintas: criterio, escucha, capacidad de sostener conversaciones complejas y una mirada que trascienda el corto plazo.
Hoy, ese recorrido se condensa en una convicción serena pero firme, profesionalizar la función directiva no es solo una decisión técnica. Es, sobre todo, un acto de responsabilidad con la empresa, con las personas que la integran y con el futuro que se quiere construir.