Elisa Ferreira Da Costa Perán
Trust Family Office
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No hace mucho escribía sobre la epidemia del FOMO, “Fear of Missing Out”, o en español “miedo de perderse algo”, una realidad que seguimos viviendo día a día sin darnos cuenta. Muchas veces nos definimos por lo que estudiamos o por lo que sabemos, dejando de lado lo que realmente hacemos como personas. Vivimos en un mundo tan acelerado que constantemente sentimos que debemos estar en todo, saber todo y llegar a todo, este estilo de vida también tiene un sentido de necesidad profunda de realización personal y financiera.
Estamos en una era realmente diferente. Antes, nuestros padres debían acercarse a una biblioteca para encontrar el significado de una palabra, investigando en varios libros y dedicando un mínimo de tiempo para llegar a una conclusión personal. Hoy, un proceso que antes tomaba entre cinco y diez minutos puede resolverse en menos tiempo con la ayuda de la inteligencia artificial, dependiendo del prompting que utilicemos. Si bien existen muchas excepciones, lo común es que nos acostumbramos tanto a vivir de forma acelerada que, paradójicamente, ahora buscamos volver a un ritmo donde podamos disfrutar de la vida de manera más natural y tranquila.
Y es justamente ahí donde surge un concepto que está ganando fuerza; el puttering. Este término hace referencia a ese entretenimiento basado en pequeñas actividades, simples, que no requieren un gran esfuerzo mental. No significa dejar de hacer cosas, sino pasar el rato con acciones suaves, livianas, que despejan y ordenan. Frente a la vida acelerada y al FOMO constante, cada vez más personas aspiramos a ese ideal de calma y simplicidad, donde el dinero no sea un problema, poder vivir haciendo lo que nos gusta a un ritmo más tranquilo.
Este deseo de una vida más tranquila se intensifica aún más en diciembre, el mes que marca el verdadero inicio de las fiestas de fin de año. Además, diciembre, financieramente hablando, se destaca por el momento en recibir el aguinaldo. Y es ahí donde conviene detenernos.
Aunque desde fines de octubre ya puedas estar calculando en qué usarlo -o incluso “tarjeteando” con la idea de pagarlo todo con ese monto adicional- lo ideal es analizar bien su uso antes de disponerlo. Una regla sencilla que solemos recomendar es la del 25 x 4, que consiste en dividir el aguinaldo en cuatro partes para darle un uso equilibrado; 1- Pago o adelanto de deudas, 2- Fondo de contingencia (corto plazo), 3- Fondo de jubilación privada (largo plazo), 4- Un gusto personal, sin culpa. Esta división permite que realmente sintamos que estamos usando ese ingreso extra de manera adecuada, sin dejar de disfrutarlo.
Podríamos decir que el FOMO nos empuja a vivir acelerados y a intentar estar en todo. Sin embargo, cada vez más personas se dan cuenta de que esa forma de vivir puede ser inviable a largo plazo. De ahí el atractivo del puttering; ese deseo de una vida donde podamos hacer nuestras pequeñas cosas, tranquilos, incluso contando algún día con ingresos pasivos que acompañen ese estilo de vida más liviano.
Este fin de año nos invita justamente a reflexionar sobre nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo. Estoy más que segura de que, de alguna manera, todos aspiramos a lo mismo: vivir tranquilos, ordenados y con espacio para nuestras cositas del día a día. Y para llegar ahí, podemos empezar hoy, aprovechando el aguinaldo, destinando una parte de nuestras ganancias a esos objetivos que realmente importan e iniciar el próximo año con nuevos objetivos para ser alcanzados.