Alexandra Cortese
MSc. en Comunicación Corporativa y Manejo de Reputación
En un abrir y cerrar de ojos ya estamos a puertas de fin de año. Se viene la temporada de la locura, de cierres, festejos y luego de las “vacaciones”. Pero ¿estamos planificando semanas donde realmente descansaremos? ¿o solo cambiaremos el tipo de cansancio?
Hace unas semanas empecé un curso para ser instructora de breathwork (respiración) porque creo en el inmenso poder que tiene respirar de forma consciente. En este curso hablamos sobre la exhalación y el descanso, sobre soltar; vivimos en tiempos donde nos cuesta un montón hacer esto y donde no nos permitimos darnos una pausa.
Sin embargo, la acción sin descanso no es avance, es desgaste. Según un estudio de Stanford, después de las 50 horas semanales de trabajo, la productividad empieza a caer de manera tan abrupta que trabajar más tiempo ya no genera mejores resultados: solo genera más fatiga, menos claridad y decisiones más pobres. Asimismo, Alex Soojung-Kim Pang, en su libro Rest, afirma que el descanso no es lo opuesto al trabajo, es parte del mismo proceso. Descansar no significa dejar de producir; significa permitir que el cuerpo integre, que la mente reorganice y que la creatividad vuelva a aparecer.
¿Cómo descansamos en el día, en la semana y a lo largo del año? La ciencia nos da algunas claves. Las investigaciones sobre ritmos ultradianos muestran que nuestro cerebro solo puede sostener su mejor nivel de enfoque por ciclos de hasta 90 minutos; después de eso, necesita una pausa breve para recuperarse. Estudios publicados en el Journal of Occupational Health Psychology también señalan que quienes se desconectan al menos un día a la semana reducen significativamente el estrés y toman decisiones con mayor claridad. A nivel anual, investigaciones demuestran que las vacaciones solo son realmente reparadoras cuando incluyen momentos de relajación emocional e integración mental, no cuando son una agenda igual de exigente pero con otro paisaje.
En un mundo obsesionado con la productividad, vale la pena entender que para ser más productivos, tenemos que combinar acción con descanso, sin excepciones. “Tengo tanto que hacer hoy que tendré que tomar una siesta” decía  Winston Churchill y si él pudo hacerlo en medio de una guerra mundial, nosotros no tenemos excusas.