
Christian Kennedy, director de London Import.
27/07/2025 06:00
Persistencia y repetición para el cambio
Christian Kennedy
Director de London Import
Si a muchos de nosotros nos preguntan, “¿ustedes piensan antes de ponerse el cinturón de seguridad para manejar?”, probablemente responderíamos que no. Es un acto prácticamente automático al subirnos al auto. Sabemos de su importancia para nuestra seguridad y también que va contra las leyes conducir sin él, lo que puede derivar en una multa.
La cuestión es esta: no siempre fue así. La implementación del cinturón de seguridad tomó su tiempo, no solo en Paraguay, sino también en el mundo. El modelo de cinturón que conocemos hoy, el de tres puntos, fue inventado en 1959 por un ingeniero de Volvo, y la empresa liberó su patente para que más vehículos pudieran ofrecer esta seguridad. Sin embargo, en países como Estados Unidos no fue obligatorio hasta 1968.
En Paraguay, su implementación fue gradual, desde los años 70 hasta que finalmente se volvió de uso obligatorio. Sin embargo, hace poco más de 20 años, en 2002, una fuerte campaña volvió a poner el tema en agenda: “Usa siempre cinturón”, impulsada por la Asociación de Seguridad en Ruta (SER), fundada tras la trágica muerte de tres personas en el año 2000. El mensaje era claro: no usarlo lleva al riesgo de muerte.
En 2011, la Policía Caminera lanzó otra campaña: “Abrocháte a la vida”, con el lema “Evitá la muerte o la multa. Utilizá el cinturón de seguridad”. Según un sondeo de la época, el 49% de los ocupantes de vehículos no lo usaban.
Pensamos muchas veces que no nos va a pasar, que “para mí no es necesario” o “yo me manejo bien”, o lo que fuera que usamos de excusa. Entonces, más allá de invitar a la buena práctica, también se recordaba la multa. Es decir, muchas veces las personas necesitamos que, además del refuerzo positivo, se nos aplique también el refuerzo del castigo.
Hace más de 50 años que existen cinturones de seguridad en Paraguay: herramientas, recomendaciones, reglas y castigos para estar mejor, y aun así, probablemente no todas las personas lo usan. No es fácil cambiar al 100% de las personas, y mucho menos en un país.
Esto también pasa en las empresas. Podemos impulsar la implementación de una nueva idea, herramienta, etc., que podría inclusive o aparentemente empezar bien, impulsada por algún descubrimiento, novedad o tragedia, pero en el camino, a muchos les va a costar implementarla, o habrán quienes jueguen en contra de ese cambio porque no quieran usarlo por motivos personales. Cuanto más pequeño el grupo, quizás más fácil debería ser implementar el cambio. Cuanto más grande la empresa, más complejo, por ende, más fuertes deben ser los sistemas, los controles y las sanciones, si queremos que unos pocos no descarrilen a todos los demás.
Lo importante es persistir. Utilizar indicadores y métricas. No siempre todas las personas quieren el cambio, es natural. Pero con consistencia, sistemas, una comunicación clara de sus beneficios, destacando sus ventajas y aplicando las sanciones adecuadas, el cambio es inevitable si hay voluntad real de mejora.
Pongansé el cinturón, el viaje será mejor.