
Gabriel Benitez Ortellado
10/02/2022 03:05
El iceberg de la comunicación
Gabriel Benitez Ortellado
Redactor creativo de Prana
Actualmente vivimos una realidad donde todo está al alcance de una búsqueda en internet.
A unos pocos clics de distancia se esconde un maravilloso y abundante mundo de contenido sinfín: casos de éxito de comunicación, virales que recorren la galaxia entera, spots publicitarios míticos, gráficas o animaciones dignas de Pixar y cientos de publicaciones de marcas referentes que, con simples textos, parecen darnos una fuerte cachetada con un mensaje que nos vuela la cabeza... pero siempre estamos viendo tan solo el resultado final.
El resultado final es como un iceberg. Según el Principio de Arquímedes, tan solo vemos el 11% del tamaño total del iceberg, el resto está totalmente sumergido. Pasa lo mismo con la comunicación.
Nunca hablamos del trabajo que se hizo y rehizo en la planificación, en las arduas jornadas de confección de un plan año. Tampoco recordamos con añoranza cada debate a la hora de hacer un brief que inspire y motive, o el trabajo, casi quirúrgico, de hacer rendir al máximo un presupuesto.
Nos olvidamos de las ideas que quedaron por el camino sin pena ni gloria, de los retrabajos, de las largas jornadas de rodaje o de los cambios y ajustes en el key visual.
Mucho menos nos frenamos para admirar y reflexionar sobre el viaje que implica cada lanzamiento, campaña, evento o pieza: en los miedos que atraviesa y enfrenta cada parte implicada, en la complejidad de cada tarea y en los riesgos o las incertidumbres de tomar decisiones.
¿Y qué es lo que nos impide hacerlo? Algo que casi nunca alcanza: El tiempo.
Sucede mucho que no terminamos de consumir un contenido, y ya hicimos swipe para ver el siguiente. Bueno, pasa eso mismo con la comunicación: no terminó y ya estamos planificando, mirando de reojo lo que se viene como si fuese una carrera.
En un mundo cada vez más “inmediato” y “rápido”, el desafío que tenemos enfrente es darle más tiempo a cada proceso para llegar a piezas que realmente llamen la atención por su singularidad, tono o empatía.
Hoy una marca ya no comparte tanda solo con la competencia. En esta “nueva era” de timelines, feeds compite con afectos, familiares, amigos, bandas de culto, creadores de contenido que no tienen que seguir un manual, incluso con datos curiosos, tendencias, memes, challenges, juegos en red, aplicaciones y un montón de cosas más que van naciendo cada día.
Llegó el momento de empezar a considerar, en los tiempos acelerados que manejamos, un tiempo de pausa para analizar qué pudo haber sido mejor en lo último que hicimos, un recreo para enfrentar posiciones y opiniones. Un tiempo fuera que sirva para ajustar procesos, rever objetivos y entrar a un “modo beta” de cuestionarnos todo: Cada proyecto es distinto ¿la ejecución no debería serlo también? ¿Tiene coherencia lo que decimos y lo que hacemos? ¿Es realmente esta nuestra propuesta de valor? ¿Podemos sostener lo que queremos decir? ¿Es un mensaje que envejece bien?
Estamos en una época fantástica para el que quiere hacer y, sobre todo, para el que quiere ser testigo. Nunca hubo tantas herramientas y plataformas para entretenerse, aprender, compartir, impregnarse, hacer comunidad, conectar, vender, pero la única manera de aterrizar y hacerlo, es con tiempo.
El tiempo responde dudas, aclara ideas, refresca y hace equipos más fuertes.
El tiempo ajusta objetivos, reafirma planes y construye marcas.
El tiempo hace más y mejores ideas: por descarte y maduración.
El tiempo hace que fallemos menos, porque nos regala la posibilidad de equivocarnos más y esto, genera mejores resultados.
Internet destruyó, entre otras cosas, el valor del tiempo para los que ven la punta del iceberg. Pero los que estamos sumergidos en ese 89% que no se ve y del que mucho no se habla, somos los que hacemos y tenemos una responsabilidad con hacer piezas cada vez mejores.
¿Y cómo podemos hacerlo mejor? Solamente con tiempo y autocrítica. Fabriquemos tiempo y aprovechémoslo para hacer autocrítica. Chill, siempre podemos mejorar