Dos galletitas cuadradas crujientes rellenas con Nutella, dulce de leche, crema de maní, pastafrola y brownie que, bañadas en chocolate blanco o negro, forman un original alfajor con sello nacional. Esta es la propuesta de Cynthia López y Saúl Ortiz, propietarios de la empresa Tatakuá, un negocio que apunta a conquistar la región.
La propietaria de este emprendimiento es Cynthia López, una joven inteligente, audaz y con un sentido común envidiable. Es de las que piensa que el éxito se forja soñando en grande, planeando bien y trabajando afanosamente para llegar a la meta.
Cynthia tiene 37 años, está casada con Saúl Ortiz, y, fruto de ese matrimonio, nacieron 3 hijos: Paulina (7), Montserrat (5) y Santiago (3). La emprendedora cuenta que, por cuestiones laborales, en el año 2006 se vio obligada a salir del país y fijar residencia en la ciudad de Monterrey, México, donde trabajaba Saúl.
Cynthia López, propietaria de Tatakuá.
Recuerda que una tarde en la que conversaba con su esposo, se le antojó comer unas masitas dulces. Pidió a Saúl que la acompañara a buscarlas y en el camino se les ocurrió que sería interesante montar un negocio que pudieran atender en sus tiempos libres. Nunca habían imaginado que de ese paseo surgiría la inspiración. Fue así que tras varias conversaciones se animaron a emprender y en noviembre 2006 crearon Tatakuá, una microempresa que funcionaba al principio en su pequeño departamento, con pocas comodidades, pero con dos emprendedores con la suficiente voluntad para hacer que el negocio floreciera.
De las habilidosas manos de Cynthia y Saúl salían brigadeiros, bolitas de coco, pastafrola y alfajorcitos de maicena, que eran vendidos en pequeñas cajas. Así, lo que se había iniciado como una actividad complementaria al trabajo fijo que tenían, cobró protagonismo y creció potenciado por la venta online, la publicidad de barrio y de boca en boca. La buena fama de sus productos pronto los situó frente a las puertas de un nuevo desafío: la compra del local que les permitió aumentar la producción y atender a sus clientes en un espacio más cómodo.
En él estuvieron 8 años hasta que en el 2014 el matrimonio decidió retornar a Paraguay de la mano de una oportunidad laboral que no podían rechazar. Esto representaba el reencuentro con sus raíces, con la familia, amigos, un mejor empleo. Dejaron el negocio en manos de una compatriota, empacaron sus pertenencias y retornaron al país.
El déjà vu. Al llegar a Paraguay alquilaron un coqueto departamento en el barrio Las Mercedes. Allí comenzaron a escribir una nueva historia, esta vez con la familia ampliada: dos hijas y un pequeño que se gestaba en el vientre de Cynthia.
Todo marchaba bien, se habían instalado, ya tenían un trabajo estable, una familia bien constituida hasta que de pronto recibió un pedido: alfajores Tatakuá para la fiesta de cumpleaños de la hija de una amiga.
“Al principio me resistí, pero tanta fue su insistencia que tuve que acceder a complacerla. No pasaría mucho tiempo para que llegaran otros pedidos, hecho que me invitó a reconsiderar la idea de dar continuidad al proyecto iniciado en Monterrey”, dijo entre risas la emprendedora.
Seguidamente confesó que tuvo una especie de déjà vu, pues todo lo que ya había vivido en México se estaba repitiendo en Paraguay. “Llegó un momento en que ya nos resultaba imposible seguir fabricando alfajores. Nuestro departamento se nos volvió chico para tantos pedidos, sin contar que también debíamos atender a nuestros traviesos hijos”, dijo Cynthia. Era el momento oportuno para sumar a una persona más que pudiera ayudarlos y, claro, de mudar la empresa a un local más cómodo.
La óptica. “Mi padre nos ofreció un espacio en su óptica ubicada en la calle Azara, en pleno centro de Asunción. Sin darnos cuenta, pronto la óptica comenzó a vender más alfajores que lentes. Nuevamente nos vimos obligados a pensar en un espacio más amplio y fue allí que decidimos cambiarnos a nuestra actual fábrica”, relató.
Hoy, la fábrica de Tatakuá opera en un moderno edificio ubicado en la Avenida Artigas 1.403 entre Concepción Chávez y General Santos. Allí trabajan 5 personas, y estas son las encargadas de fabricar los 37.000 alfajores mensuales que son distribuidos en distintos puntos de la capital.
“Los productos se pueden encontrar en Nunciatta Gourmet, Club Gourmet, Heladería La Granja de André, Biggie, Casa Rica, Bodega Boutique Premium. Hotel Acaray, estaciones de servicios BR- Rapidito y Petrobras Spazio 1”, refirió la emprendedora.
Línea de productos. En el mercado local se pueden encontrar 4 tipos de alfajores Tatakuá. Los hay de Nutella, de dulce de leche con cobertura blanca, de dulce de leche con cobertura negra, y de maní. Y en el mercado mexicano se tienen 3 tipos más que son: maicena, almendras y café. Los formatos en los que se comercializan son mini, regular y mega. También cuentan con cajas de madera, especialmente diseñadas para regalos, con los alfajores megas y regulares.
Los costos varían por tamaño y por sabor. Los de Nutella son un poco más caros que los demás sabores. Cynthia cuenta, además, que los megas son los más vendidos ya que estos se comercializan a través de las tiendas y canales de venta. En cuanto a los sabores, aseguró que los de Nutella y dulce de leche son los más requeridos. Si bien Tatakuá fabrica 37.000 alfajores/mes, sus propietarios aspiran a llegar a 50.000 alfajores/mes.
Como novedad Cynthia adelanta que próximamente lanzarán dos nuevas propuestas de alfajores: Alfafrola y Alfabrownie. Estos sabores se sumarán al portafolio de productos que ya comercializa la firma.
Tatakuá por el mundo. En la mente de Cynthia solo existe una meta: hacer que Tatakuá se convierta en el alfajor de referencia de Paraguay y con ello salir a competir en la región. La exportación forma parte de sus prioridades. De hecho están ultimando detalles para lograr la certificación que les permita exportar a Bolivia.
“Lanzar al mundo un producto con sello paraguayo nos emociona y llena de orgullo”, afirmó Cynthia, y, agregó que recientemente con la campaña “Tatakuá por el mundo” pudieron comprobar el cariño que los clientes le tienen a la marca. La consigna de la campaña consistía en sacarse una foto con el alfajor en algún lugar que no fuera Paraguay, subirla al Facebook y mencionar a Tatakuá. Para sorpresa suya, muchas de estas fotos provenían de sitios tan lejanos como del viejo continente.
“Me da mucho gusto ver el cariño que le tienen a la marca. Nos encontramos con fotos de gente que llevó el alfajor en su cartera y se sacó fotos en el Coliseo, en la Plaza de San Pedro, en Israel. Otros enviaron imágenes desde Miami y diferentes puntos de Europa. Fue realmente emocionante comprobar que les gusta y que son fieles a la marca”, puntualizó.